Olokún Entre los lukumí, Olokún es el orisha de los océanos, donde toda vida se originó, y el celador de sus riquezas y misterios.[1] Como el océano que oculta incontables misterios, esta divinidad es considerada uno de los más asombrosos orishas del panteón lukumí. Un proverbio del odu Irosún—el principal odu del dilogún en que Olokún se manifiesta—enuncia que “nadie sabe lo que descansa en el fondo del mar”. Por extensión, ningún ser humano podrá alguna vez comprender verdaderamente la magnitud y la fuerza vigorosa de esta misteriosa divinidad.

No hay consenso en cuanto al sexo de Olokún. En algunas áreas de África Occidental, Olokún es considerado masculino, mientras que en otras es femenino. Esta controversia también llegó Cuba. En muchos patakí, Olokún es descrito como un rey en un palacio subacuático y con muchas esposas. Varios caminos de Yemojá, Ajé Shaluga y de Oshún son todas consideradas mujeres de Olokún. Asimismo, el renombrado etnólogo cubano Fernando Ortiz cae en esta ambivalencia cuando describe a Olokún, tanto como “Señor del Océano” como una “diosa” en el mismo párrafo y en la misma página.[2] Hoy día, tanto los babalawos, cuanto los olorishas letrados, expuestos a la reciente y masiva disponibilidad de literatura de antropólogos y otros estudiosos de la cultura yoruba, insisten en que Olokún es masculino. Algunos olorishas insisten en que Olokún es asexuado, hermafrodita o andrógino. No obstante, los linajes cubanos en que se originaron las principales tradiciones acerca de Olokún, sostienen obstinadamente que este orisha es femenino. Esta controversia también se refleja en los cantos para Olokún y en los rituales asociados con su consagración.

Contrario a la idea de la caridad general y de la buena naturaleza de Olokún, este orisha es una fuerza que debe ser temida cuando es contrariada. Un número de patakíes se refiere a la ira de Olokún. En uno de estos mitos, narrado en el odu Ogbé-Odí, se describe la insatisfacción del orisha con la manera en que Olorun distribuyó los dominios entre las deidades. Su argumento era que, al ser Olokún gobernante de los océanos, y estos formar la mayor parte del planeta, Olokún era más poderoso que Olorun y por tanto era Él el Ser Supremo. Para demostrarlo, los océanos comenzaron a generar ondas irrefrenables y ominosas que trataban de ahogar la Tierra y sus habitantes.

Ateniendo a Olokún

Olokún se ha hecho un orisha tan popular, que hoy vive en muchos ilés. Esta expansión ha causado cierto daño, muy lamentable, al orisha, principalmente a causa de los olorishas mecanizados de hoy, que no brindan a sus omó el consejo necesario sobre la manera apropiada de atender a Olokún.

Una vez que un individuo haya recibido Olokún, muchos aspectos de su comportamiento deberán ser adaptados o cambiados. En principio, Olokún debe ser mantenido en un área de la casa donde haya poco tráfico, preferentemente dentro de una vitrina, si es que el individuo no posee un cuarto separado para los orishas. Olokún debe estar cubierto. La difunta Fermina Gómez, Oshabí tenía preferencia por la ropa blanca, aunque algunos olorishas que recibieron Olokún de sus manos, insistan que la misma les dijera que cubrieran a Olokún con un manto hecho de retazos o tejidos de diferentes colores. En ambos casos, Olokún debe tener también una cortina de mariwó precediendo el lugar donde se mantienen sus fundamentos, o puesta directamente sobre la tinaja del asentamiento.

¡En caso alguno Olokún deberá volverse un adorno de la sala de alguien, como muchas veces es el caso! Está prohibido permanecer delante de Olokún vestido de forma inapropiada o usando ropas negras. La única excepción al caso es durante un ebó del odu Ejiogbé. Nunca se debe dirigirse a Olokún en ropas íntimas o que dejen el cuerpo expuesto. Además, debemos estar seguros de estar ritualmente “limpios” antes de dirigirnos a este orisha. De igual manera resulta ofensivo para este orisha, maldecir y usar lenguaje vulgar.

El agua de Olokún deberá ser cambiada una vez al año. Es importante recordar que no debemos fijar la vista directamente dentro de la tinaja de Olokún inmediatamente después de haberla destapado. El agua antigua puede ser usada en la entrada de nuestra casa o utilizada para el baño. Mucha gente usa el agua de Olokún como remedio, especialmente para aliviar fiebres muy altas, pasando un paño que haya sido sumergido en el agua, por el cuerpo del individuo afectado. Si al cambiar el agua, notamos que las herramientas y atributos necesitan de limpieza, entonces debemos proceder cuidadosamente en el cuarto de la siguiente manera, preferentemente aislados. Debe vaciarse el contenido del fundamento en una fuente (recipiente) limpia y bien lavada con agua fría. La tinaja también debe ser lavada por dentro y por fuera. Una vez que se haya hecho esto, las herramientas son recolocadas dentro de la tinaja. Olokún nunca podrá ser lavado dentro del fregadero, como muchas veces he visto, ni debe limpiarse ante aquellos que no son iniciados en su culto.

Tenemos que hacer algunas aclaraciones adicionales. Recientemente, más y más olorishas han consagrado Olokún en conjunción con otras ordenaciones. Este es un error grave, pues las ceremonias de Olokún deben ser realizadas en la atmósfera más serena posible y no pueden ser llevados a cabo conjugadas con este u otros orishas. Si por alguna razón el iyawó tuviera que recibir Olokún—y, sorprendentemente, no lo haya hecho hasta entonces—este se le deberá entregar antes de la ordenación, aunque esto requiera su consagración en vísperas de la ceremonia.

Otro aspecto es el cesto (canasta) con ofrendas que es preparado durante la consagración de Olokún. Esta ceremonia es denominada por muchos como agbán—cesto, aunque el término sea usado para referirse al ritual realizado a Olokún y a un similar para Babaluaiyé. Tras la muerte de Oshabí, muchos olorishas perezosos comenzaron a usar alimentos crudos y frutas para el agbán, en vez de las tradicionales comidas cocinadas que Oshabí y Obá Tero ofrecían a Olokún. Esta costumbre se hizo especialmente popular en La Habana y fue llevada a Estados Unidos como una tradición. En realidad, el agbán de Olokún debe hacerse con ekó, ekuru aró, akará y semejantes, y no con tubérculos crudos, frijoles y carnes sin cocinar, y así por delante.

¡He visto pastas, rositas de maíz y golosinas en platos para un agbán de Olokún! ¡Oshabí habría considerado esto una herejía! Dentro de la misma cuerda, debe subrayarse que el agbán de Olokún NO es una ceremonia de limpieza. Por el contrario, es una ofrenda. El devoto que haya consagrado para sí un fundamento de Olokún, envía este agbán como una ofrenda grandiosa, muy similar a la caravanas de agbán enviadas por los estados subyugados al palacio de Oyó en la antigua Tierra Yoruba. El agbán es una ofrenda simbólica, rogando a Olokún de tal modo que el individuo siempre tenga una pieza de ropa con que cubrir su cuerpo, un plato de comida en la mesa, un fogón donde cocinar y un techo sobre su cabeza. La persona que recibe Olokún no debe limpiarse, ni tampoco nadie presente en la ceremonia, con el contenido de los platos, tal como es hecho cada vez más y más hoy en días. Es decir, algo que se hace solamente en el caso del agbán de Babaluaiyé y algunos otros ebós usualmente hechos para Elegbá. Los platos son colocados alrededor del cesto y dejados allí para reposar por algún tiempo. Posteriormente, son presentados al individuo y las ofrendas son depositadas dentro del cesto. Las ofrendas para Olokún son llevadas al océano. Al recibir el orisha, la persona responsable para llevar el agbán al mar es el individuo que lo recibió, he ahí que se trata de una ofrenda que esta persona realizó para Olokún, y una señal de devoción y reverencia.

Y aún, el olorisha está obligado a instruir el omó receptor sobre cómo presentar esta ofrenda apropiadamente, de modo que esto no sea ofensivo para otros. Muchas veces olvidamos que vivimos en una sociedad muy heterogénea y especialmente en un país centrado en el cristianismo, donde muchos de nuestros co-ciudadanos ven una religión africana como un cáncer repugnante y deplorable que debe ser extirpado.

La manera de entregar apropiadamente un ebó y un adimu son un camino en que, como comunidad religiosa, aún tenemos mucho que recorrer. Las bolsas de plástico que usamos para cubrir nuestros cestos, evitando así que se ensucien, no forman parte de la ofrenda y por lo tanto, no deberían ser lanzadas al mar, pues con ellas ensuciamos el agua y perjudicamos nuestro medio ambiente. Tampoco las botellas de vidrio o a los recipientes de plástico que una vez contuvieron miel o melado de caña, o a los pedazos de obi que son lanzados en nuestras ceremonias, deberían flotar en el agua o yacer en el fondo del mar. Ni Olokún, ni cualquier otro orisha podrán ser agradados por nuestra falta de sentido común y sensibilidad.

Cuando el océano no esté a la disposición, como es el caso de localidades como Jovellanos, en Cuba, [3] y de ciudades como Chicago, en los Estados Unidos, entonces el lago, el río o el canal podrán sustituirlos. Olokún es la divinidad de los océanos, pero por extensión, también es el orisha de todas las aguas. Uno de los aspectos más bellos de nuestra tradición religiosa es la habilidad de adaptarnos cuando tratamos con obstáculos infranqueables.

Los adimú de Olokún

Los adimú—ofrendas de comida—preferidos de Olokún son los chicharrones y chicharritas, respectivamente pedazos de la grasa del cerdo fritas hasta quitarle toda la manteca y plátano verde frito. En adición, a Olokún le gusta el akará—bollitos fritos de frijol carita; el ekuru arô—un tipo de “tamal” hecho de frijol carita, cocidos al vapor dentro de hojas de plátano; egbojá (maíz finado)—un plato hecho con maíz molido, cerdo y/o camarones secos, pescado ahumado cubierto con mojo de tomate y cebolla o con un mojo verde hecho con variados condimentos; melones y sandías de todo tipo, uvas rojas, melado de caña, dulce de coco con melado de caña y canela, bolitas hechas de gofio con melado de caña y canela o miel y boniatillo—un tipo de dulce hecho con boniato blanco. Puede haber otras variantes regionales que hayan sido adaptadas con el tiempo.[4]

Notas Finales

[1] Lukumí es la primera designación por la cual los extranjeros conocieron al pueblo yoruba, antes de la adopción de este término propiamente dicho el siglo XIX. Lukumí (lucumí) es el término generalmente aceptado en Cuba. A través del texto, he utilizado el término “Yoruba” para referirme tanto a los yorubas en el continente africano, como de forma generalizada a los de las Américas. La palabra “Lukumí” se utiliza para referirse específicamente a los yoruba de Cuba, pues así consta en los primeros registros coloniales de las Américas, que los llaman de esta manera. También a la migración posterior a 1959 de olorishas cubanos para regiones de las Américas y de Europa, donde la religión echó nuevas raíces.

[2] Ortíz, Fernando. Los bailes y el Teatro de los Negros en el Folklore de Cuba (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1981) 452.

[3] Cabrera, Lydia. La Laguna Sagrada de San Joaquín, 2ª ed. (Miami, Ediciones Universal, 1993) 11.

[4]

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